OPINION
La lección del 7 de noviembre
Gilberto de la Rosa
Analista político de NotiLatino.com
20 de noviembre del 2006
Una de las características de los regímenes democráticos es que permite al pueblo decidir el momento o la circunstancia en la que debe reemplazar a quienes delegó su representación por el hecho de no haber cumplido con las ofertas electorales y las expectativas de la sociedad.
En efecto, los procesos electorales constituyen el método por excelencia para los ciudadanos pasar factura a los dirigentes y organizaciones políticas que han actuado en función de sus intereses, es decir, que sus acciones han respondido más que al interés común, a los intereses personales o de grupos de poder.
Las políticas trazadas por un gobierno y las medidas adoptadas para su puesta en práctica comprometen directa o indirectamente al partido que lo llevó al poder.
En ese orden, las elecciones de medio término que fueron realizadas el 7 de noviembre a nivel nacional constituyen un claro ejemplo de lo que acabamos de decir.
Después de 12 años de hegemonía del Partido Republicano en el Congreso [Senado y Cámara de Representantes] y 6 años consecutivos de gobierno republicano, en los que la política anti-inmigrante se ha recrudecido al extremo de disponer la construcción de un muro en la frontera con México en pleno siglo XXI, revelador de la negativa del gobierno de Bush de diseñar e implementar una política migratoria integral; una guerra que solo tiene razón de ser para sus auspiciadores, la cual no solamente ha sangrado y llevado el luto a cientos de miles de familias, sino que ha afectado sensiblemente la economía estadounidense, llevando al cierre de grandes y pequeñas compañías, incrementando el desempleo; el pueblo estadounidense decidió desplazar del congreso a los republicanos y otorgar el poder congresional al Partido Demócrata, lo que le confiere a este partido un alto poder de negociación con el Poder Ejecutivo.
Ese pueblo tiene un alto componente hispano, el cual fue determinante a la hora de inclinar la balanza a favor de los Demócratas; no obstante todos los golpes bajos e intentos que se hicieron para neutralizar el voto hispano, infundiendo temor y terror sicológico.
Hay que recordar que en la “victoria” de Bush en el 2000, el Partido Republicano obtuvo el 40% del voto hispano y en el 2004 logró su reelección para un Segundo período de gobierno con el 44% de esos votos, en lo que parece haber influido los atentados terroristas del 11 de septiembre y el temor de la población al terrorismo internacional.
Las jornadas llevadas a cabo por la población inmigrante en pro de una reforma migratoria integral, rechazada por los republicanos, lo que hizo popular la expresión “Hoy marchamos, mañana votamos”, contribuyó a crear conciencia en la población inmigrante acerca de su status en los Estados Unidos y del uso del poder de su voto para hacer viables sus reclamos.
“Hoy marchamos, mañana votamos”, se convirtió en un mensaje que reflejaba la decisión firme de los inmigrantes de acudir masivamente a las urnas el 7 de noviembre en reacción a la respuesta negativa del gobierno y el congreso republicano sobre la reforma migratoria integral.
Ese mensaje se hizo realidad, cuando más del 60% de los votantes hispanos inscritos votó en esas elecciones históricas, porcentaje sin precedentes en Los Estados Unidos.
Así, el 44% que el Partido Republicano obtuvo en el 2004, dos años después se redujo al 26%, ese decir, 18% menos. Alrededor del 70% de los votantes prefirió votar por el Partido Demócrata, con lo que este partido asume el control del congreso, lo que se interpreta como una lección dada por el pueblo estadounidense y la comunidad hispana a los republicanos; lección de la cual deben de sacar las enseñanzas que les
conduzcan a una real reorientación o rectificación de su política anti-inmigrante y guerrerista.
Esa lección también puede interpretarse como un metamensaje de lo que podría ocurrir en las elecciones presidenciales del 2008, pues de mantenerse la tendencia del voto del 2006, inexorablemente el Partido Republicano sería desplazado del poder por el Partido Demócrata, con una victoria aplastante.
Ahora bien, el poder y la confianza que el pueblo ha depositado en el Partido Demócrata, mediante un voto de castigo a la Presidencia de Bush, no puede llevar a los demócratas a “dormirse en sus laureles”, ya que ese pueblo espera que en lo adelante el congreso controlado por los demócratas adoptará cuantas medidas sean necesarias para que la reforma migratoria integral sea una realidad y se legisle en beneficio del interés común, máxime si en el 2006 reasume la Presidencia.
En otras palabras, el Partido Demócrata tiene ante si un gran reto y de la forma como responda al mismo, dependerá que su cuota de poder ascienda de tal modo que le permita el control tanto del Poder Ejecutivo como de los demás poderes del Estado.
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