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OPINION
Ahorcamiento de Saddam, ¿ahora qué?
Gilberto de la Rosa
Analista político de Notilatino.com
8 de enero del 2007
En franca violación de las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas [ONU], de la cual los Estados Unidos es uno de sus miembros más prominentes, el gobierno republicano, con el Presidente Bush a la cabeza y el apoyo de sectores del Partido Demócrata, adoptó la cuestionable e impopular decisión de invadir a Irak bajo el argumento, que aún hoy las investigaciones no han podido confirmar, de la existencia de armas de destrucción masiva y la amenaza que ello implicaba para la vida humana y nuestros continentes, cuando en realidad el trasfondo de esa decisión fueron de corte económico para controlar el "oro negro" de Irak, desplazar del poder a Saddam Hussein y expandir el poder hegemónico del país norteamericano en el mundo.
La materialización de esa decisión se realizó en marzo del 2003, año y medio después de los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001; a partir de ahí Irak ha sido devastado, sangre ha corrido a borbotones, la economía norteamericano ha sufrido un deterioro progresivo y la imagen del país en el ámbito internacional también se ha deteriorado.
El objetivo Saddam fue alcanzado por Estados Unidos el 13 de diciembre del 2003, a los ocho meses de haber sido declarada la guerra al gobierno de Bagdad, con la captura del dictador por parte del ejército norteamericano en un escondite subterráneo, situado en los alrededores de Tikrit. Sus temibles hijos Udai y Ussai habían caído en combate el 22 de julio de ese año.
La revelación del apresamiento de Saddam fue difundida al mundo como un triunfo de la intervención norteamericana y de la lucha contra el terrorismo internaciona y como punto de partida para el enrrumbamiento de irak hacia un régimen democrático a corto plazo; pero lo que no se previó fue que se produciría una resistencia de tal magnitud que mermaría considerablemente los efectivos norteamericanos, que se prolongaría por tiempo indeterminado y que ocurriría algo similar a la guerra de Vietnam, como lo ha admitido el propio Presidente Bush.
Después de los procesos de inteligencia, el gobierno norteamericano entregó a Saddan a las autoridades iraquíes, quienes dieron inicio a un proceso judicial inincidentado, sangriento y manipulado, bajo los cargos de la matanza de 148 chiitas en la ciudad de Dujail en el 1982, motivado por un atentado contra el dictador iraquí; genocidio y otros crímenes por la represión militar que mató aproximadamente a 180,000 curdos en el norte de Irak durante el período 1987-1988.
Resultante de ese proceso judicial, cuestionado por la comunidad internacional por la inobservancia de las normas procesales del debido proceso de ley, Saddam Hussein fue condenado a la pena capital el 5 de noviembre del 2006 por un tribunal iraquí, debiendo morir en la horca.
Llamó poderosamente la atención de que esa sentencia se produjo precisamente dos días antes de las elecciones norteamericanas de medio término del 7 de noviembre; probablemente con la intención de producir un efecto que revertiera la intención del voto hacia el Partido Republicano lo que, como todos sabemos, no sucedió ya que los demócratas salieron victoriosos de la contienda electoral.
Los abogados de Hussein apelaron la sentencia ante la Corte Suprema Iraquí, pero el alto tribunal rechazó la demanda en apelación y el dictador fue finalmente ahorcado el 30 de diciembre del 2006. Autoridades estadounidenses han declarado que fue una decisión "100% iraquí", como queriendo insinuar que el gobierno de Washington no tuvo influencia alguna en esa sentencia histórica.
Las escenas que se produjeron durante la ejecución de la condena, con frases burlonas e insultantes a un reo que, aunque dictador, fue un Jefe de Estado; como las imágenes supuestamente grabadas por un teléfono celular y dibulgadas por internet a nivel internacional, constituyen una violación flagrante a la declaración universal de los derechos humanos, cuyos responsables deben de ser sancionados penalmente; pero es cuestionable que las autoridades iraquís estén libre de culpas en ese echo insólito.
Pese a la ejecución de Saddam y otras dos de sus más altos funcionarios que parece también serán ejecutados, la situación en Irak en vez de encaminarse a la paz y a la reconstrucción del país, parece que seguirá hacia la insurrección y el recrudecimiento de la guerra con sus consecuentes efectos demoledores; al menos que el gobierno de Washington y sus aliados cambien de rumbo en esta guerra sin sentido y que sean los propios iraquíes los que definan su destino histórico.
No sería aventurado decir que en la forma como han ocurrido los hechos de la ejecución de Saddan, parece que ahora el ex dictador irá adquiriendo con el transcurrir del tiempo la categoría de "Mártir y héroe" y así piensan los Sunitas, para quienes "Saddam no ha muerto, aún vive en nuestros corazones", lo que puede interpretarse como una manifestación de lo que podríamos llamar el "efecto Saddam" en la redefinición de la sociedad iraquí.
Con el ahorcamiento de Saddam Hussein, el mundo fue testigo en el 2006 de la desaparición de siete personajes que encarnaron férreas y sangrientas dictaduras, con la diferencia de que Saddam fue el único de ellos que murió ejecutado. Los demás murieron de muerte natural y algunos enfrentaban procesos judiciales a la hora de sus fallecimientos. Nos rederimos a Milosevic, ex Presidente de la Federación Yogoslava;
General Romero Lucas García, ex Presidente de Guatemala; Alfredo Stroessner, ex Presidente del paraguay; Pieter Willen Botha, ex Presidente Sudafricano; Augusto Pinochet, ex Presidente de Chile; y Saparmurat Nivazoy, ex Presidente de Turmenistán.
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