El plan republicano es aún peor que decir que no
Por el gobernador Tim Kaine
16 de diciembre del 2009
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Tim Kaine, gobernador de Virginia
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En diciembre del año pasado nuestra economía perdió 700,000 empleos. Nuestros mercados financieros se estaban desplomando por las imprudentes decisiones tomadas en Wall Street y los principales economistas se preguntaban si nos estábamos acercando a una segunda Gran Depresión. Mientras los trabajadores veían sus sueños esfumarse y los dueños de pequeñas empresas posponían sus proyectos debido a la falta de crédito, el pueblo estadounidense manifestó su indignación cuando los mismos banqueros y los gerentes de fondos de inversión que motivaron la crisis financiera le rogaron al gobierno que los rescatara.
La semana pasada, la Cámara de Representantes de Estados Unidos dio un paso importante hacia el control de los excesos de Wall Street y la restauración del equilibro de nuestro sistema bancario con una reforma legislativa para regular el mercado financiero: el Proyecto de Ley de Reforma de Wall Street y Protección del Consumidor (Wall Street Reform and Consumer Protection Act) del 2009.
El proyecto de ley fue aprobado en la Cámara de Representantes con una votación de 223 a 202, sin ningún voto republicano — lamentable pero no inesperado, considerando que los republicanos empezaron la semana reuniéndose con 100 cabilderos de Wall Street para buscar cómo detener el proyecto de ley.
Hemos visto esto una y otra vez este año. Es casi un reflejo automático -- el Presidente Barack Obama y los demócratas proponen una idea y los republicanos la rechazan. Por ejemplo, le dijeron que “no” a la Ley para la Recuperación y Reinversión; “no” a la igualdad en la remuneración de mujeres; “no” a la energía limpia; “no” a la reforma de seguro de salud y ahora la reforma de regulación financiera también recibió un “no” rotundo del Partido Republicano.
Este año hemos llamado a los republicanos el “partido del no”. Pero, más allá de decir que no, hemos visto recientemente al Partido Republicano moverse cada vez más a repetir la historia reciente. Es decir que os republicanos están abogando enérgicamente por un retorno a la política pública de la era Bush, que, como se ha mostrado, son desastrosas: recortes tributarios para los ricos, eliminación masiva de regulación, alto déficit y un programa económico que dejó a los trabajadores estadounidenses en una situación precaria.
El compromiso ideológico de los republicanos con esas ideas comprobadamente equivocadas, es incluso más peligroso para las familias y trabajadores estadounidenses que su actitud de “sólo decir no”.
Si el colapso de nuestro sistema financiero hubiera ocurrido el año pasado, habría arrastrado en su caída a la economía del mundo entero. Con su voto unánime en contra de la reforma regulatoria, el Partido Republicano no recuerda la crisis financiera o no le importa lo suficiente como para asegurarse de que no vuelva a suceder. Los republicanos no sólo votaron en contra de reformas que habrían hecho que nuestros mercados fueran más transparentes y confiables, sino que también votaron contra la creación de una agencia de protección financiera del consumidor que acabaría con las prácticas más abusivas en el sector financiero. Están luchando con todas sus fuerzas para que regresemos a las condiciones que benefician a sus estimados amigos, aunque perjudiquen a todos los demás.
Para los demócratas, la más alta prioridad para fortalecer la economía ha sido ayudar a los trabajadores y pequeñas empresas estadounidenses. El gobierno anterior nos dio una lección dolorosa sobre lo que pasa cuando sólo abogas en beneficio de los ricos.
La Ley para la Recuperación ha preservado o generado hasta 1.6 millones de empleos y aumentó el producto interno bruto hasta 3.2 por ciento según la Oficina de Presupuesto del Congreso. Le otorgó a 95 por ciento de los estadounidenses trabajadores un recorte tributario, le dio $5,000 millones en créditos tributarios a las pequeñas empresas y generó nuevos préstamos por más de $13,000 millones para 65,000 empresas pequeñas de todo el país, entre las más afectadas por la recesión.
La reforma del seguro de salud ayudará a las pequeñas empresas a reducir sus costos, por lo que tendrán más capital para expandirse, generar empleo y competir en el mercado mundial.
La semana pasada, Obama señaló sus principios para un proyecto de ley de empleo: ayudar al crecimiento de pequeñas empresas, invertir en la infraestructura de la nación y darles reembolsos a los consumidores que instalan componentes modernos en sus hogares con el fin de que sean más eficientes en el consumo de energía. Si invertimos en el ingenio de nuestros pequeños empresarios y la capacidad de trabajo de nuestros diestros gremios, y si creamos un mercado estadounidense dinámico para las industrias que favorecen el ambiente, no sólo los estadounidenses encontrarán un empleo sino que también el país se encaminará hacia un futuro más próspero.
Las críticas republicanas sobre la ley del empleo del Presidente son la misma cantaleta de siempre. La lista de participantes en el reciente “foro económico” del líder de la minoría en la Cámara de Representantes, John Boehner, estaba llena de funcionarios prominentes del gobierno Bush, responsables de descarrilar nuestra economía. Sus ideas ya nos fallaron: disminuir la regulación de las empresas mismas cuya conducta riesgosa nos metió en líos; darles créditos tributarios a los ricos y no a los estadounidenses promedio; mantener nuestra dependencia de fuentes extranjeras de petróleo al no hacer nada sobre la amenaza del cambio climático; proteger el férreo control de las compañías aseguradoras sobre el sistema inservible de cuidado de la salud del país, y recortar los gastos en educación y proyectos de infraestructura que generan empleo. No hay nada nuevo en eso.
Obama heredó una situación terrible, resultado directo de la incompetencia de los republicanos en materia fiscal y económica. Al invertir en los trabajadores y pequeñas empresas, al insistir en responsabilidad, transparencia y presupuestos balanceados y finalmente, al hacerle frente a los grandes problemas que han aquejado a nuestra economía por demasiado tiempo: un mal sistema de atención de salud, una mala política energética y un sistema educativo que no hace lo suficiente para ayudar a nuestros niños a competir – los demócratas están logrando progresos.
Si el partido republicano se sale con la suya, sufriremos con la misma política pública que nos costó millones de empleos, causó que se evaporaran billones de dólares en fondos de jubilación, hizo que nuestro déficit nacional se disparara y causó que perdiéramos varias oportunidades de participar en industrias mundiales emergentes. El pueblo estadounidense no puede darse el lujo de vivir otra vez las fracasadas medidas republicanas.
El gobernador de Virginia Tim Kaine es el presidente del Comité Nacional Demócrata.
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